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martes, 28 de febrero de 2012

Todavía y sin embargo

Los faros iluminaban en mitad de la noche un parterre de un parque público en la zona más septentrional de la ciudad. Había dejado el coche con las luces encendidas y la puerta del conductor abierta, mientras revolvía el amasijo de enseres que llevaba en el maletero. Hasta que encontró lo que buscaba. Cogió la pala y se encaminó hasta el borde de la zona ajardinada. Llegó hasta el cartel de "Prohibido pisar el cesped", se puso delante y miró el reloj. Sobrepasaba largamente la medianoche, pero no parecía tener prisa. Empezó a contar los pasos hacia el noroeste. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... hasta llegar a una zona de acacias bastantes descuidadas.

Se agachó entre los matorrales y empezó a remover la tierra aún húmeda por la llovizna del atardecer, tanteándola con la mano hasta que pareció estar conforme, y empezó a cavar. De forma acompasada y sin detenerse, dejando toda la tierra extraída en un montoncito ordenado al lado del agujero, que cada vez iba volviéndose más grande, y levantando la vista de vez en cuando para comprobar que nadie le observaba. No sabía si estaba cavando en el sitio exacto hasta que un sonido disipó sus dudas. Sacó del agujero una caja metálica del tamaño de una de zapatos, y le quitó la bolsa de plástico transparente con cierre hermético que la cubría. Y la abrió.

El contenido no le era ajeno y lo inspeccionó allí mismo, agachado en mitad de la noche ayudándose con la luz que le llegaba del coche y la que emitía el teléfono móvil. Fotos, postales y cartas antiguas, y algún que otro enser personal cargado de simbolismo. Una cálida sensación de bienestar le embargó durante esos instantes, fruto de los recuerdos que esos objetos le trajeron a la memoria. Recuerdos de momentos vividos, intensos y emotivos.

Permaneció allí de rodillas un par de minutos más, y luego guardó todo de nuevo en la caja. Excavó un poco más en el agujero y la enterró un poco más profundo de lo que estaba antes. Tapó el agujero con la tierra extraída y revolvió un poco la superficie para borrar las marcas. Deshizo el camino contando los pasos y se subió al coche. Arrancó y se marchó buscando un bar abierto a las dos de la mañana de un miércoles.

jueves, 13 de octubre de 2011

Fogonazo de Existencialismo

"Cuando el más apartado rincón del globo haya sido técnicamente conquistado y económicamente explotado; cuando un suceso cualquiera sea rápidamente accesible en un lugar cualquiera y en un tiempo cualquiera; cuando se puedan experimentar, simultáneamente, el atentado a un rey en Francia y un concierto sinfónico en Tokio; cuando el tiempo sólo sea rapidez, instantaneidad y simultaneidad, mientras que lo temporal, entendido como acontecer histórico, haya desaparecido de la existencia de todos los pueblos, entonces, justamente entonces, volverán a atravesar todo este aquelarre como fantasmas las preguntas: ¿para qué?, ¿hacia dónde?, ¿y después qué? "


(Introducción a la metafísica, Martin Heidegger)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

El Reloj de Cuco

"En Italia, durante treinta años bajo el dominio de los Borgia, tuvieron guerra, terror, asesinato y matanzas, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tuvieron amor fraternal; quinientos años de democracia y paz, ¿y qué produjeron? El reloj de cuco."



Este famoso diálogo de "El Tercer Hombre" no estaba en el guión que escribió Graham Greene, sino que lo añadió el propio Orson Welles y que copió del dictador italiano Benito Mussolini.

Por cierto, el reloj de cuco no fue inventado en Suiza.

martes, 6 de septiembre de 2011

La suerte del más débil

Me encontré de bruces con la fatalidad una tarde de verano mientras me tomaba un descanso de mis habituales obligaciones, como rescatar a niños de orfanatos en llamas o probar, con ahínco, la comodidad de los muebles de exposición en grandes almacenes, cuando sin comerlo ni beberlo sufrí un accidente: me torcí el dedo meñique de forma harto dolorosa. Y mi dedo, creyéndose morcilla, se disfrazó de tal.

La casualidad quiso que el dedo menor de mi mano hábil tuviese que interponerse en la trayectoria de un proyectil esferoide propulsado con inusitada fuerza por la pierna inútil de un compañero del equipo de fútbol en el que me dedico a dar patadas lde resaca los fines de semana, que queriendo colocar dicho objeto en la escuadra más lejana de la portería que defendía un servidor, lo estampó contra mi mano muerta presuntamente de forma inintencionada y debido a su necedad en el deporte y su evidente falta de puntería. Aunque la culpa es nuestra por jugar al fútbol con un bizco.

Acudí raudo a las dos semanas al hospital cuando me percaté de que mi sufrido dedo seguía de luto, y de que el apartoso vendaje amateur que me había practicado consultando vídeos en youtube sobre como hacerle el nudo a las corbatas no había surtido el efecto deseado. Después de otros 14 días inmovilizado por el traumatólogo, y otra semana más libre pero con la condicional de no hacer esfuerzos, me sigue doliendo.

Es curioso como los animales se aladaptan al medio en el que viven, y en todo el tiempo que he estado privado de mi meñique he aprendido a jugar con el teclado WASD sin usar el tabulador, CTRLizquierdo ni SHIFTizquierdo, así como a hurgarme en la oreja izquierda empleando el meñique del pie como sustituto. Para que luego digan, soy un hombre de recursos. Y de re-cursos, por mi afán de repetirlos.

Aparte de que mi minusvalía, espero que temporal, me ha servido para darme cuenta de la importancia que desempeña este dedo en los quehaceres humanos, y ya me he afiliado a la sociedad secretísima del Club del Meñique, cuyos miembros me han acogido con fervoroso entusiasmo. Los tres.

lunes, 27 de junio de 2011

Sic transit gloria mundi


Iba a escupir una nube de términos que ahora mismo están de actualidad pero el empacho de Mainstream me  provoca náuseas. Pagamos un precio muy alto por estar al día, pues requiere de constante dedicación a informarse, un tiempo que malgastamos a diario ya sea en medios de prensa (controlados) por canales públicos, privados, oficiales o clandestinos. Generalmente y por simplicidad recurrimos a lo cercano y conocido, pese que Internet nos brinda la posibilidad de explorar e informarnos a nuestro antojo casi con total libertad y casi sin la censura que caracteriza a los medios de prensa tradicionales.

Contemplo de nuevo la foto de la cara desfigurada de una de las víctimas de brutalidad policial en Egipto (porque guardé la URL de una web sobre noticias internacionales), un inocente que fue masacrado por un par de soldados que lo detuvieron y lo mataron a golpes ante la atenta mirada de varios testigos. Sólo se acordarán sus familiares y allegados. Un verdadero mártir y no los descerebrados que se estallan a diario en Iraq o Afganistán. 

Pero en el fondo da igual, porque así pasa la gloria por el mundo, de forma efímera. Lo que fue noticia ayer hoy no es más que polvo, tinta seca en papel envejecido pudriéndose, un archivo alojado en un servidor que nadie consulta, señales atenuadas hasta desaparecer. No dan igual los muertos de los telediarios, no recordamos ni sus caras, podrían repetirnos imágenes pasadas, como alguna vez ha ocurrido, que ni nos percatamos. Las víctimas de la represión de las revueltas en Egipto ya han caído en el olvido. 

Seguro que ni recordamos el gentilicio. ¿Egiptianos? ¿Egiptienses? ¿Egiptos? Antes de ayer eran egipcios, ayer libios y hoy sirios. Y otros cientos de miles que ni salen en las noticias a menos que sean toreros o actores famosos que se escoñan con el coche. Mañana ya no importará como hoy ya no importa que Rusia se quemara, Haití se muera de hambre o La India y Pakistán se ahogaran. El mundo gira tan deprisa que si uno intenta pararlo será atropellado, o si gira la cabeza para mirar el pasado se perderá lo que sucede en el presente. Cuando lo único que tenemos es el pasado, y todo se lo debemos a él aunque no reconozcamos su mérito o ni tan siquiera lo conozcamos.
“Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum capti cincumvectamur amore.”
Traducción: “Pero entre tanto huye, huye irreparable el tiempo, mientras nosotros, atrapados por el amor, damos vueltas una y otra vez a las mismas cosas de una en una.”
[Virgilio, Geórgicas (3: 284)]

Y eso que nosotros somos unos privilegiados que vivimos con la comodidad da contemplar la realidad desde nuestra reconfortante butaca del primer mundo, con todo al alcance de nuestra mano. Y no lo aprovechamos como debiéramos. Míseros de nosotros que nos entretenemos mientras sin saberlo se nos va escapando el tiempo como arena entre nuestros dedos mientras nos preocupamos por banalidades como el color de nuestro iPod o del amor del de turno, de si veremos/leeremos o no tal obra o de si nos lo pasamos lo suficientemente bien el fin de semana pasado. Qué triste.

Tempus fugit. Sic transit gloria mundi. O quam cito transit gloria mundi. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

La Muerte en Isfahan

Una versión que encontré de este cuento que leí bajo otro nombre por primera vez en el libro "Cuentos Breves y Extraordinarios" del genial Borges, una recopilación que hizo de historias cortas y exóticas en las que se aprecia el contraste y la diferencia cultural con los cuentos tradicionales de nuestro folclore.


La Muerte en Isfahan


“Érase una vez, en la ciudad de Bagdad, un criado que servía a un rico mercader. Un día, muy de mañana, el criado se dirigió al mercado para hacer la compra. Pero esa mañana no fue como todas las demás, porque esa mañana vio allí a la Muerte y porque la Muerte le hizo un gesto. Aterrado, el criado volvió a la casa del mercader.



—Amo —le dijo—, déjame el caballo más veloz de la casa. Esta noche quiero estar muy lejos de Bagdad. Esta noche quiero estar en la remota ciudad de Ispahán.
—Pero ¿por qué quieres huir?
—Porque he visto a la Muerte en el mercado y me ha hecho un gesto de amenaza.


El mercader se compadeció de él y le dejó el caballo y el criado partió con la esperanza de estar por la noche en Ispahán. Por la tarde, el propio mercader fue al mercado, y, como le había sucedido antes al criado, también él vio a la Muerte.

—Muerte —le dijo acercándose a ella—, ¿por qué le has hecho un gesto de amenaza a mi criado?
—¿Un gesto de amenaza? —contestó la Muerte—. No, no ha sido un gesto de amenaza, sino de asombro. Me ha sorprendido verlo aquí, tan lejos de Ispahán, porque esta noche debo llevarme en Ispahán a tu criado”

miércoles, 6 de abril de 2011

Billete de ida y vuelta

- ¿Así que has estado en París?
- Sí. Veo que las 24537467 fotos que he subido al Facebook han servido de algo.


- Pues fíjate que no sabía que te ibas.
- Esa era la idea cuando no te lo dije. Ni a ti ni a nadie. Quería que fuera un golpe de efecto, como cuando muere el Papa o Beckham lanza una falta.


- Y no sé quién me contó que te habías ido en tren.
- En realidad fui en barco de vapor y luego hice transbordo en Zeppelín, pero lo oculto porque no quiero que sepáis que soy un ferviente defensor del estilo de vida steampunk.


- O sea, que fuiste en avión.
- Sí claro. Eso o París vino a mí como la montaña a Mahoma, una de dos. Hay que tener cuidado con esta práctica porque hace unas semanas el emperador japonés no fue al mar y al final el mar fue a él y... bueno, se armó un cisco...


- ¿Pero ya has superado tu miedo a volar?
- Más o menos. En realidad ahora tengo miedo al miedo a volar, que es algo más complicado pero parecido a la doble negación en Inglés y por lo tanto se anulan los efectos. Ahora, que desconcierta un rato. Cuando fui coger un taxi, facturé el equipaje, y cuando iba a bajarme del avión embarqué y al final me hice la picha un lío y casi abro una puerta en pleno viaje cuando intenté ir al baño. Menos mal que los auxiliares de vuelo me hicieron ver que estaba en un error, aunque me costó entender lo que me decían porque al pasaje le dio por gritar al unísono. Todo locos. Pero bueno, luego me reconcilié con ellos y para que vieran que en el fondo soy una persona afable estuve preguntando en alto cada 30 segundos si habíamos llegado ya al destino, para que no albergaran ninguna duda.


- Así que por fin cogiste un avión.
- Qué va, si no me dejaron. Y mira que insistí en pilotar yo, pero ni puto caso me hicieron. Y eso que presioné alegando que me había pasado el Microsoft Flight Simulator 98 en modo experto. Nada, ni aún amenazando con secuestrar el avión a punta de mi dedo. Si es que no me extraña que no me tomaran en serio, no debí dejar que me confiscaran la pistola en el aeropuerto, aunque fuera de pegamento líquido. Tampoco jugó en mi favor que yo fuera disfrazado de torero. Total que me tuve que resignar e ir sentado con el resto del pasaje. Eso sí, me erigí como el alma de la fiesta y animé el cotarro con una pelea de comida gracias a la cual la aerolínea hizo el agosto porque no de no ser así ni dios se hubiera pedido ni un tentempié. Es que no veas que precios, por la nubes. Digo yo que serán así para guardar rigor con la situación del avión.


- ¿Y no te pusiste nervioso?¿No lo pasaste mal?
- Nah, sólo cuando me arrinconaron contra una ventanilla unos escolares que iban de viaje organizado y me molieron a aceitunazos. Gracias a Dios un grupo de japoneses con pinta de hombres de negocios me socorrieron y repelieron el ataque lanzando todo tipo de gadgets electrónicos de penúltima generación y de improperios en su lengua natal. La alianza de civilizaciones, un éxito. Debieron apiadarse de mí porque no paraba de repetir "Shoryuken" y "Hadouken" cuando me defendía de los escolares enardecidos, y seguramente me confundieron con un oriundo de su tierra del sol naciente. Qué majos.


- ¿Y viajaste solo?
- Qué remedio, también me confiscaron el dragón de Komodo en el aeropuerto. Que si "no se permiten animales en la cabina de pasajeros", que si "dios mío me ha escupido a los ojos aaaahg", el caso es joder la marrana al ciudadano de a pie, en mi caso de a pies en polvorosa porque el animalito se puso hecho un basilisco cuando le negaron el paso y yo me escabullí aprovechando la confusión y la granada de humo que acababa se soltar.


- ¿Y por París qué tal?
- Muy bien, pero todo lleno de parisinos. Son como nosotros pero hablan como raro y no entendía una mierda, así que pensando que me estaban tomando el pelo decidí inventarme yo también las palabras. En fin, ya te contaré, porque se me pasó el tiempo volando, como en el avión, y cuando me quise dar cuenta ya estaba de nuevo en mi celda de Madrid. Lo que tiene la INTERPOL, un rigor y una eficiencia que ya quisiera el Equipo A. Ya hablamos en el próximo horario de visitas. Cuídate.