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miércoles, 23 de marzo de 2011

Viviendo en el pasado

Vivo en el pasado. Y vosotros también. Todos vivimos en el pasado, no por deseo expreso, sino porque simplemente el presente no existe, es un término acuñado por la necesidad de nominar el momento en el que se vive, que en realidad ya ha tenido lugar, forma parte del pasado.

Desde que tus sentidos perciben el estímulo externo de la situación que estás viviendo, lo transfieren al sistema nervioso por el cual se propaga hasta llegar al cerebro, el cual interpreta la información recibida y actúa en consecuencia dependiendo de la naturaleza de la misma, incluyendo el traspaso de lo que está ocurriendo a nuestra consciencia y su grabación en nuestra memoria reciente que es el momento en que nos damos cuenta de lo que está pasando, transcurre un periodo de tiempo pequeño pero significativo. Cuando te percatas de lo que está sucediendo ya es demasiado tarde, ya ha ocurrido, has tardado demasiado en procesar la información que te brinda el entorno. 

Vivimos con un desfase de, pongamos, un segundo, que estipulo yo que puede ser el tiempo aproximado que tardamos en realizar todo el desarrollo expuesto anteriormente, exceptuando con los movimientos reflejos pues los impulsos que los causan jamás llegan al cerebro y es la médula espinal quien responde con una acción motriz inmediata a una señal determinada que generalmente entraña peligro, un gesto que no pensamos en realizar. Es el método defensivo que tenemos para evitar algún daño o minimizarlo reduciendo el tiempo de exposición mediante la limitación del tiempo empleado en la generación de nuestra reacción, ya que omitimos el proceso mental del análisis de la situación y el pensamiento de una respuesta adecuada.

La Desintegración de la Persistencia de la Memoria (Salvador Dalí)

Siempre tenemos consciencia de lo que ha ocurrido a posteriori. "Qué bien me lo pasé anoche", "Gran viaje hemos hecho", "Parece que fue ayer cuando empezó el curso y ya está terminando"... todas esas reflexiones se producen una vez vivido el acontecimiento, y asimilado. Al echar la vista atrás el tiempo transcurrido, ya sean segundos, días o años, nos parece insignificante y fugaz, influidos también por una memoria incompleta que se va desintegrando y corrompiendo poco a poco. No somos los dueños de nuestro tiempo. Es él el que nos domina y maneja a su antojo, y nos atropella asíduamente escapándose de nuestro control. Somos los juguetes de Chronos.

De hecho creo que es improbable que tengamos pues la certeza de que hayamos muerto cuando nuestro cuerpo exhale el último suspiro de vida. Los habitantes de Hiroshima y Nagasaki que perecieron al momento de estallar las bombas atómicas jamás supieron qué ocurrió. Dejaron el mundo sin saber que lo estaban haciendo, pues debido a la incertidumbre sobre la existencia de un más allá en principio descarto la posibilidad de una reflexión ulterior sobre lo acontecido. Los supervivientes en cambio sí que tuvieron la oportunidad de meditar y recordar lo acontecido, y algunos de ellos lo plasmaron en unos dibujos terroríficos, muchos de ellos realizados por niños. Diría que las escenas son dantescas, pero he desarrollado aversión a dicho adjetivo desde que los medios de comunicación lo han desgastado con su uso indiscriminado para describir el escenario de cualquier tragedia.

Siempre he tenido esta teoría del desfase temporal entre el desarrollo de los acontecimientos y la percepción que tenemos de ello. Hace algún tiempo leí un artículo de un científico que también la postulaba y defendía, así que me reafirme en mi creencia. No he logrado encontrar alguna fuente sobre el tema (mentira, he pasado de buscar), pero bueno, lo único seguro es que "El tiempo es el único enemigo que mata huyendo", como dijo Quevedo. 

Así que corred, corred y perseguidle, que no se zafe con facilidad.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Libertad para morir

Bajo ese impactante título se esconde una joya del séptimo arte de visionado cuasiobligatorio para todos aquellos cinéfilos de pro, protagonizada por el polifacético Juan Claudio Van Damme en un papel estelar de chuloputas regalando tollinas a diestro y siniestro esta vez entre los muros de un penal, a saber bajo qué ridículo pretexto, cuya esencia tan bien supo captar y enlazar con la actualidad nacional el mejor programa que ha dado la Televisión patria, el extinto "El informal", como se puede ver en el siguiente vídeo [enlace]. Y si os parece exagerada la parodia, el Trailer oficial casi la supera: [Trailer].

Pero esta entrada no va dedicada a dicha película ni a otros mitos del celuloide de los 80s y los 90s de actores (por llamarlos de alguna forma) emblemáticos como Steven Seagal o el mismo Van Damme (mis favoritos) que tantos buenos ratos me han hecho pasar, pues es encontrarme zappeando en la televisión con la emisión de alguna de sus obras y engancharme por completo en su visionado, analizando cada plano, secuencia, línea de guión y disfrutando cada segundo del metraje. De lo malas que son, resultan buenas, entretenidas y cómicas en su abusivo uso de los tópicos del género de acción. Mierda supreme, una exquisitez. Y ya si actúan a dúo, en títulos míticos como "Tango y Cash" (Kurt Russel-Sylvester Stallone) o "Double Team" (Van Damme-Dennis Rodman!), la experiencia resulta orgásmica.

Desconfiad de las críticas que leáis y hacedme caso, merecen la pena. Lástima que las emitan a horas tan intempestivas y sin previo anuncio, aunque así podéis enfocarlo como una práctica contracultural underground. Que no se diga que no sois indies o rebeldes. He de decir que debido a la gran fama que adquirieron los supermusculados Stallone y sobre todo el ex-Gobernator Schwarzeneger, sus filmes quedan fuera de este grupo de "películas de acción que de lo malas que son resultan buenas" (cuyos títulos potentes a la par que atractivos ya te ponen sobre aviso y alertan del contenido esperable) porque algunas de ellas sí que son realmente buenas películas de acción: Rambo's, Terminator's, etc. 

Bajo esa apariencia pétrea descomunal se esconde un actorazo. El summum de sus papeles cómicos se da en "El Último Gran Héroe", comedia indispensable en la que Schwarzeneger parodia el género de acción e incluso a sí mismo, con múltiples guiños a otros títulos. Soberbia. Caviar Deluxe. Salsa de Carne.

Yo apunto directamente a Van Damme, Steven Seagal, Chuck Norris, Charles Bronson y en menor medida Kurt Russel y otros bastante más desconocidos, pero no por ello menos inexpresivos o peores en sus respectivos rols de héroes ciclados reparteguantazos, algunos de los cuales nos muestran en sus últimas películas que no han sabido envejecer, motivo más si cabe para verlas y desternillarse hasta la extenuación con el descaro en el empleo de dobles de acción en las escenas arriesgadas. Steven Seagal gordo y viejo ya ni se mueve, sólo dispara y usa ponchos para disimular el más que evidente sobrepeso. Os animo a que consultéis sus filmografías o cuanto menos la programación diaria y os unáis a mí en esta afición tan agradecida. Os garantizo un carrusel de carcajadas mínimo por película, amén de la realización personal y el buen sabor de boca final que deja el triunfo del bien sobre el mal y el villano despanzurrado de forma cruel y dolorosa.

Me he vuelto a ir por las ramas, pero es yo soy así, impetuoso al  vivir escribir, y vago también, pero cuando me pongo, me pongo. Retomando el leitmotiv del post cuyo trampolín era la película de Van Damme homónima al título de la entrada, con "Libertad para Morir" quería hablar de la sensación de falsa libertad que me embarga siempre que me encuentro con que me he zafado de los grilletes de los exámenes por haber terminado estos, pero en lugar de disfrutar del plácido momento de liberación que se suele experimentar tras su consecución sucumbo en el agobio de todas las tareas pendientes contenidas y pospuestas para intentar contrarrestar la falta de hábito de estudio que arrastro y que me obliga a dedicarme casi exclusivamente a los exámenes durante sus prolegómenos y el periodo que duran los mismos, lo cual desemboca en privación de sueño, enajenaciones mentales transitorias y una bajada en la frecuencia de tocamiento de pies.

Quizás sea fruto de la carencia de un orden y concierto en mis acciones, el caos rige mi modus operandi et vivendi, o de mi inutilidad organizativa a la hora de establecer plazos y una mínima rutina, o de mi costumbre de ignorar las llamadas del deber y procrastinar hasta el infinito hipotecando mi futuro tiempo libre.

O quizás sea que soy un puto vago. Pero no sin remedio, pues quiero y pretendo cambiar, o si no el paroxismo de mi pereza supina acabará conmigo. Un día me levantaré cansado, y otro me cansaré de levantarme, y como dudo que aprenda a desarrollar la fotosíntesis, moriré. De todas formas mi redención ya ha comenzado: me he apuntado a Holgazanes Anónimos, aunque todavía no he ido a ninguna de sus reuniones ni me han asignado padrino. Ya iré mañana. O mejor, el lunes, después del gimnasio. Y este cuatrimestre/año pretendo estudiar semanalmente y llevar las asignaturas al día.

Sea como fuere, ahora estoy en el cenit de la LIBERTAD PARA MORIR. Y no me disgusta.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Turris Eburnea

Una madrugada de noviembre de regreso a casa después de una dura sesión de autodestrucción mediante alcoholismo socializado con nocturnidad, práctica más habitual de lo deseable y deseado sobre todo por mi organismo, me dio por escribir en el Metro para evitar dormirme y acabar en Sebastopol y el teclado QWERTY de la BlackBerry y mis dedos hicieron el resto.Guardé el texto como una nota de título " :( "debido a que la fuente de inspiración fue un acontecimiento aciago del que tuve noticia de forma azarosa en el transcurso de la noche. Habiéndome olvidado de la creación quizá por amnesia inducida por el pesar del suceso que evoca, ayer en mitad de otra cogorza la encontré también de casualidad en el móvil y a continuación la expongo sin modificar, aún mermado con síntomas claros de la intoxicación etílica de anoche, acompañada de un tema de la banda sonora de Dexter.

"No hay mañana. Falleció al sexto día, jornada de descanso no así la velada. Notose un estremecimiento en la torre de marfil y se desplomó sobre sus cimientos en el segundo en el que exaló su último aliento el inquilino, ajeno a los acontecimientos. Escarban en los restos pero no hay supervivientes bajo el techo convertido en losa. Las ruinas se tornan cementerio y el silencio alquila el solar. Paz en derredor. Aquí descansa un paranoico, que no confió en los sismógrafos y se aventuró en la odisea de la distancia, y y yace aquí por su osadía derrotado por los diez mil hijos de San Luis. Los cuervos rinden plegarias, el viento susurra un réquiem. Cerrado por demolición, reza un ventrículo. Sobre una lágrima germinará su sucesor, fortalecido por la memoria genética."

domingo, 28 de noviembre de 2010

Las últimas palabras

A menudo me he imaginado muriendo en una situación digna que me permitiera decir unas últimas palabras para la posteridad, y a ser posible que fueran escuchadas por alguien o registradas y grabadas por algún dispositivo para que no cayeran en el olvido instantáneo.

Podría ser quizás algún término enigmático como "Rosebud" o "La enseñanza del gurú encierra el secreto"; alguna verdad existencial como "que perra vida esta, y cuán efímera"; una queja amarga "ramera de rostro enjuto, aquí me tienes, al fin me encontraste"; una maldición "nos veremos en el infierno"; una muestra de cariño "os quiero, no la liéis mucho" y luego ya alguien podría tergiversarlo y con el paso del tiempo incluso fundar una religión en mi nombre; una revelación a medias digna de cualquier bazofia hollywoodiense "..el tesoro se encuentra en la... en la.... en...", o incluso pudiera ser algún chascarrillo "Me muero... cambiadme el estado del Facebook".

Pero si tuviera dicha oportunidad, yo creo que mis últimas palabras serían alguna banalidad como "pues parece que ha escampado, vamos a cazar liebres", o un improperio (1er significado de la RAE) de los que habitualmente espeto a mis contertulios, como  o "Me cago en todos los dioses" o "Me cago en mi/vuestra puta vida", dependiendo de la situación. 

Aunque claro, el mismo acto de morir y el contexto, y la forma, determinarían mis últimas palabras, si pudieran producirse. No es lo mismo espicharla de un infarto fulminante en una orgía maratoniana que hacerlo a manos de un a tribu canibal del amazonas. O en alguna prisión norcoreana.

Sea como fuere, estoy intentando grabarme a fuego en la memoria una frase lapidaria para que llegado el momento, y dada la tesitura y la imposibilidad de repetir la toma, pasar a mejor vida quedando de puta madre con todos: "Bueno, (yo me voy yendo,) os espero en el After".

Espero que si llega el momento, ni se os ocurra incinerarme, que en vida ya estuve muy quemado, y me enterréis con todos los honores después de una juerga legendaria en mi nombre, nada de Negrita o Dyc, recordando viejos momentos y anécdotas graciosas en común durante el sepelio. Haced de mi óbito una fiesta (y llevadme con vosotros), y de mi funeral el preámbulo de otra. E id a llorarme el Día de todos los Santos o al menos a poner en mi tumba flores robadas de otros nichos, aunque sea con la resaca de Halloween y disfrazados de mamarrachos. 

Yo lo haría con vosotros, si se diera el caso, y lo haré si las vicisitudes del destino así lo permiten.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Renovarse o extinguirse

Debido a un reciente giro en mi vida y un ataque súbito y efímero de productividad, he conseguido superar mi miedo a los cambios (Metatesiofobia) y he decidido aprovechar las nuevas posibilidades que me brinda Blogger. Arriba de la página, debajo de la cabecera hay un nuevo menú de acceso a distintas secciones del Blog. De momento sólo he creado una nueva página, donde he publicado un paja mental que escribí en primavera para una revista amateur universitaria, y que caducará el 1 de enero de 2011.

Ya iré añadiendo distintas secciones, de momento confidenciales. Y actualizaré más a menudo que soy un hombre nuevo. En serio, me he cambiado el grupo sanguíneo y he obtenido nuevos órganos. Y me he echado una (ciber)novia fuera de nuestras fronteras, pero ella aún no lo sabe. Siempre quise tener una apuesta mujer extranjera para fardar de exótico.

Os dejo, que creo que el vecino de enfrente ha sacado el telescopio.

Corre, nueva sección. ¡Sé libre!

jueves, 11 de noviembre de 2010

Ligue de una noche

Excusa nº 7.349: tengo varias entradas a medio escribir, y un par en el cuero cabelludo, pero debido a que he ligado ando excaso de tiempo libre que dedicar al cultivo del blog. Las publicaré en breves en cuanto organice mi ajetreada vida y haga hueco en mi agenda inexistente. Así mismo, explotaré la posibilidad de la distintas secciones del blog y compartiré con vosotros un articulillo que escribí hace meses y que por desgracia el 1 de enero se quedará obsoleto.


En cuanto al asunto de pillar cacho, no penséis que he salido del armario como Ricky Martin, pues nunca he estado dentro, a diferencia de David Carradine, que se tropezó al salir de Narnia y se enganchó en una corbatas con tan mala suerte que se ahogó, y encima la prensa difundió que había muerto por asfixia autoerótica. Pobre desgraciado.

Hay accidentes inevitables

Andaba yo el otro día circulando tranquilamente a 130Km/h por Madrid a bordo del Paranoicowagen cuando el destino quiso que una bella y gallarda fémina se cruzase en mi camino, y que lo hiciera por un lugar no señalizado para tal efecto, esto es, por mitad de la calle, obligándome a desmostrar una vez más mis famosos reflejos de mangosta y que se pueden quemar unos frenos en apenas dos segundos. Tras esquivarla con habilidad e incrustrarle vagamente un retrovisor en las lumbares, tuvimos un romántico intercambio de pareceres, y la química instantánea dio paso al amor desenfrenado.

- ¡¡¡Casi me matas, hijo de la gran p*ta!!!

- ¡¡Pues mira por dónde vas, z*rra de mierda!!


Y hablando y hablando... acabamos en su casa. Una casa cuartel de lo más cuca. Nunca había tenido trato con la Guardia Civil, y creo que lo de “aceitunos” y los chistes de Enrique San Francisco no ayudaron a congeniar con ellos. Por fortuna triunfó la cordura y el diálogo. Todo se selló con un acuerdo verbal sin necesidad de abrirme un expediente disciplinario ni demandarme, y pude marcharme de allí al poco rato. Siempre he sido un gran negociador y mi dialéctica proverbial me ha permitido salir airoso de un sin fin de situaciones, pero lo de tomar como rehén al sargento y encañonarle con su arma reglamentaria fue determinante. 
Y ni aún así me rio algún chiste, el muy desagradecido.

Confío en que la fidelidad de mi disfraz de Halloween impidiera que hayan podido quedarse con mi cara. Además me deshice de todas las pruebas que me ligaban al suceso quemando el coche patrulla en un descampado con la máscara de hockey dentro, así que espero que no logren identificarme. Por si acaso, ya he cambiado de domicilio: le he dado la vuelta a los números del portal.

Moraleja: en Halloween tapaos la cara, por lo que pueda ocurrir. Igual pilláis, aunque sea a un peatón.



La otra opción pasar por disfrazarse de forma que no te vayan a mirar a la cara 
para permanecer en el anonimato. Consejo: no te hagas fotos.

lunes, 18 de octubre de 2010

Expulsado de Menos

- ¿Quieres café?
- Sí, por favor.
- ¿Cuánto azúcar quieres?
- 17 cucharadas
- Te echo de menos.

domingo, 10 de octubre de 2010

Codesordenadas coordinadas

Siempre había querido disputar una partida de ajedrez por correo ordinario. Hace 6 meses empecé una con un australiano, pero vengo sospechando desde hace algún tiempo que ambos elegimos jugar con blancas y nadie está moviendo las piezas negras, o las "oscuras", como nos gusta llamarlas en el foro del Ku Klux Klan, lugar donde conocí a mi oponente en medio de un acalorado debate sobre la posibilidad de polarizar a Obama.

Ayuda que yo no tenga ningún tablero físico o virtual que represente la partida y que juegue de oído, además de que no haga ni caso a las indicaciones que recibo del australiano. Tampoco creo que él respete mis movimientos porque mis últimos mensajes eran instrucciones en ensamblador de un microcontrolador Intel codificadas en Hexadecimal.

Pero intuyo que él tampoco me toma en serio, sobre todo desde que leí en su última carta que le había hundido un portaaviones. También sería casualidad que la carta bomba que le envié explotase en un barco, cuando es mucho más probable que lo haya hecho en un canguro, teniendo en cuenta que los usan de buzones postales como el tío de Alfonso, aquel que despidieron del Zoológico por animal.

Malditos australianos, que asco les tengo. No me extraña que fuera colonia británica y no francesa o italiana, que son los que verdaderamente saben de perfumes. Se creen muy bohemios y muy arios pero en el fondo son todos unos meapilas y unos chupacirios estirados, y su concierto de año nuevo en Viena es soporífero. ¿Para que lo emiten, si todo el mundo está durmiendo, vomitando o recogiendo/limpiando a esas horas el uno de enero? Menos mal que este año la nochevieja cae en 29 de diciembre porque es año Jacobeo, para alegría de los Jacobos, que están recibiendo regalos todos los días.

Me despido ya que al dueño del portátil se le están pasando los efectos del sedante.

Un saludo, en voz baja.