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miércoles, 20 de mayo de 2009

Y así, cuadernos y cuadernos...

“Que títeres tan ridículos somos y que vulgar es el escenario en el que bailamos. Cuanta diversión. Bailes. Sexo. No hay inquietud en el mundo ni por saber que no somos nada. No somos lo que debíamos ser.”
[...]
“Hoy en el metro se me ha acercado un hombre y ha iniciado una conversación. Hablaba de cosas triviales, un hombre solo hablando del tiempo y esas cosas. He intentado ser educado y amable con él pero ha empezado a dolerme la cabeza con tanta banalidad. Casi no me he dado cuenta pero de repente he vomitado encima de él. No le ha hecho gracia, pero yo no podía dejar de reir.”

(Seven)

Iba a escribir algo parecido, pero me he dado cuenta de que las palabras que me salían eran exactamente las mismas...

Después de la calma llega la tempestad

Tras semanas e incluso meses en el dique seco, resurjo de mis maltrechas cenizas como el Gato Felix. Probablemente ya no quede visitantes alguno, pero aún así prometo postear al menos 1 vez por semana, aunque sea una puta mierda de entrada pues mi vida carece de interés alguno, y la parte que no es una insulsa concatenación de trivialidades no la puedo airear pues igual acabaría, contra mi voluntad,dándome cabezazos contras las paredes acolchadas de una bonita habitación blanca.

Como aperitivo, la nueva campaña de Trina. Me encanta el toque chanante y friki que le dan a sus anuncios.


miércoles, 7 de enero de 2009

Feliz Vanidad

Espero que hayáis pasado unas navidades estupendas. En estas fechas se despierta la buena persona que anida en nuestro interior y que sólo sale a relucir en determinadas ocasiones. El resto del año podemos ser unos hijos de puta integrales, que cuando se acerca el final de diciembre nos transformamos. De repente empieza a interesarnos toda esa gente que el resto del año nos la pela, saludamos y felicitamos las fiestas a todo el mundo, fingimos que nos importan vidas ajenas y un halo de amabilidad y bondad rodea todas nuestras acciones.

Hay que ser cínicos, malditos hipócritas consumistas de codicia superlativa. Y además, ¿que cojones hacéis celebrando la Navidad si luego sois todos unos ateos consumados y os la suda la religión? Eso sí, a la hora de beneficiarse de días festivos basados en tradiciones cristianas hay hostias. Y una polla. Si aún os queda algo de dignidad y principios, no seáis incongruentes, no os aprovechéis y dejaos los cuernos en el trabajo esos días. Nada de Semana Santa, santorales ni Navidad.

Luces de colores, muérdago y acebo, arbolitos y masas desenfrenadas anegando los comercios con el afán posesivo exacerbado. El otro día descubrí sin querer que hay un Cortilandia en San Chinarro, enorme, y la jodida cancioncita de “Cortilandia, Cortilandia, nananá nana nana” se coló dentro de mi coche y de mi cerebro y me estuvo taladrando el hipotálamo durante horas. Casi me intoxico con el espíritu pseudonavideño. En el momento me dieron ganas de atravesar la valla con el coche y destrozar los putos decorados, gritando con la ventanilla bajada “Los Reyes Magos no existen, son los padres”.

Pero no lo hice. En el fondo soy un sensiblón. Creo que la horda de primitos enanos con la que he sido bendecido me ha debilitado muchísimo. Sobretodo cuando les veo a todos juntos abriendo regalos emocionados. Hay que reconocer que tiene mérito mantener una mentira tan grande a nivel nacional, la más grande de todas diría yo, después de la Constitución.

Ah, la Navidad. Época de rencuentros. Se aprovecha para quedar con aquellos amigos de los que hacía siglos que no sabías nada, y de los no volverás a saber nada más hasta dentro de otros tantos. Para reunirse con los familiares a los que por unos motivos u otros no sueles ver con mucha frecuencia, como aquel estadounidense que decidió disfrazarse de Papa Noel y visitar a la familia de su ex mujer para darles una sorpresa de muerte y acribillarlos a tiros a todos (a 9), para luego incendiar la casa y volarse la cabeza como festejo final. ¡Ese es el espíritu! (leed hasta el final la noticia, es acojonante)

Hay que ser retorcido… vestirse de Papa Noel para semejante faena… con lo incómodo que tiene que ser y el calor que tiene que dar. Claro que así es mucho más efectista y el impacto en los medios de comunicación es mayor. “Jou, Jou, Jou, este año habéis sido muy malos, así que os he traído plomo a todos, en cómodas raciones individuales”. Por lo menos el Karma o algún elfo justiciero impidieron que saliera indemne.

Pero bueno, como está muy visto e incluso bien visto (putas modas) renegar de la navidad o deprimirse en estas fechas, y no quiero que se me aparezca ningún fantasma moralista de navidades pasadas, presentes o futuras, mi postura oficial es la de seguir levemente las tradiciones, cumplir con la familia y relajarme con los amigos, aunque para mi no es ninguna época especial pese a las vacaciones por la patilla. Tampoco suelo hacer mucho más durante el resto del año.

Eso sí, un año de estos voy a dedicarme a dar por culo y joder al prójimo como el cura de El Día de la Bestia. Y seguro, seguro, que ni aún así me van a traer carbón.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Martini seco, con aceituna (Parte I)

Mi hombre de acción me había fallado. Me prometió asientos en primera clase pero cuando me percaté de que lo tenía en mi mano no eran más que unos vales descuento para una tintorería de barrio caducados ya era demasiado tarde.

Cogí un taxi y aunque el taxista me suplicó que le devolviera el coche, me dirigí hacia la estación de tren conduciendo como un maníaco homicida en un “destruction derby”, ignorando semáforos, señales de tráfico y las típicas señoras que aparecen en todas las persecuciones de películas hollywoodienses cruzando las calles sin mirar llevando un carrito de bebé, y que obligan al héroe de turno a esquivarlas aun poniendo en riesgo su propia integridad física. Afortunadamente, las señoras gozaban de mejores reflejos que los míos, no así el caniche de una anciana que se empeñó en decorar el radiador de mi recién adquirido vehículo.

Aparqué sin ciertas complicaciones en el hall de la estación, justo dentro del escaparate de una tienda de regalos y con medio maletero en un kiosco. El tiempo apremiaba así que apenas pude robar un par de revistas justo antes de dirigirme a las taquillas. Una era de caza y pesca y la otra sobre la mujer moderna de hoy. Definitivamente, no iba a ser mi día.


(CONTINUARÁ...)

sábado, 6 de diciembre de 2008

Prosopopeya Épica

Y en ese preciso instante, sin premisa premonitoria alguna, se precipitó con presteza por el precipicio con un vaso de precipitados precintado y presurizado en la mano, que contenía el precioso prepucio del preclaro preceptor predecesor del príncipe predilecto del pueblo. Ese fue el precio de preconizar un predicador prejuicioso, precursor del preludio al culto a Priapo.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Copias de Seguridad

Hará un par de semanas me levanté tras amagar varias veces apagando el despertador del móvil y postergando el inevitable desenlace, retrasando la hora del reloj de media hora en 30 minutos. Me incorporé no sin esfuerzo y maldiciendo a todos los dioses habidos y por haber. Salí de la cama con el pie derecho pese a que soy zurdo y no supersticioso, debido a la orientación del mobiliario de mi habitación, e intenté encender el móvil de nuevo. Pero éste en lugar de solicitarme el número pin, me mostró una pantalla blanca inusual a modo de despedida y decidió volver a apagarse por voluntad propia para no despertar jamás de su letargo, pese a mis denodados esfuerzos por devolverle a la vida.

Renuncié en mi afán cuando asimilé que era inútil resucitarle (al cuadragésimo séptimo intento fallido) y me cagué en su puta madre. A la mierda toda la información que tenía almacenada en la memoria del móvil, incluidos los números de teléfono que llevaba almacenando los últimos dos años, desde que se me había llenado la tarjeta SIM. Y lo más frustrante: todos los SMSs recibidos y escritos que guardaba celosamente porque consideraba importantes. Como un registro de vivencias del que me valía para recordar.

Noté como un pedazo de mi vida reciente se esfumaba para siempre, perdiéndose en el olvido de forma inexorable. Mensajes que había releído mil veces y que me recordaban experiencias clave, que evocaban momentos pasados vividos intensamente que rememoraba al volver a leerlos. A la mierda todo. Dentro de mi cabeza seguía retumbando un sonoro "Noooooooooooooo..." que se extinguía lentamente entre los pensamientos de mis recuerdos borrados. Un vacío anegó mi zona del córtex cerebral asociada a la memoria, si un tiempo en plenas condiciones, ya mutilada por el azar y castigada por mi alcoholismo de fin de semana. A partir de ahora cada vez que intente recordar sin los SMSs, la información será incompleta o simplemente me tendré que conformar con un Error404.


La rabia se extendió por mis venas y una sentimiento de impotencia mezclada con incredulidad se apoderó de mi. Maldije varias veces la causalidad y mi perezosa idiosincrasia, pues desde hacía semanas sospechaba que mi móvil estaba en las últimas (tengo el sentido de la intuición hiperdesarrollado a costa de una atrofia en el olfato y el sentido del deber), pero en lugar de vaciar la memoria de mi teléfono en el ordenador y hacer una copia de seguridad me dediqué a autoconvencerme con un cínico "vuelva usted mañana", y retrasar la tarea pendiente hasta ese mañana non nato que nunca se presentó. El mañana nunca muere... porque a veces no llega ni a nacer, quedándose en un mero aborto.

Y en ese momento fue cuando me embargó idéntica sensación que al replicante Roy Batty al final de Blade Runner, cuando se encuentra bajo la lluvia en la azotea del edificio en ruinas y mantiene uno de los monólogos más solemnes, profundos y épicos de la historia del cine, en una escena memorable .


Comprendí lo trágico de la situación y la hice mía, y entonces fui consciente de la belleza de la irreversibilidad y dejó de importarme lo sucedido. Abracé la epifanía de emociones que surgían en mi interior, sentimientos de amistad y afecto que se desataban en un torrente incontrolable revelándome el verdadero valor de mis recuerdos. En ese momento fui consciente de que todo lo vivido había merecido la pena. Y mi alma se sintió satisfecha con esta revelación, y encontré la paz existencial y una calma que me sosegó durante largo rato. De repente ame la vida y al ser humano. Dejé de lamentarme amargamente y asimilé el daño sufrido. No por los contactos, sino por todos esos mensajes y recuerdos que se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.



Tras sobrevivir varias semanas con mi anterior móvil, una tartana arcaica con más de 5 años, conseguí uno nuevecito y bastante resultón, gracias a que arrebaté mi alma de las garras de los ladrones de Movistar para vendérsela a los cuatreros de Orange. Como consecuencia he tenido que pasar toda mi agenda de la SIM antigua a la nueva de forma manual, transacción que he aprovechado para filtrar los contactos con el fin de actualizarla desechando números que ya no utilizo y sustituyéndolos por otros a los que si llamo habitualmente y que antes tenía guardados en la memoria del teléfono y no en la SIM, la mayoría de los cuales ya he recuperado.

Ahora mi SIM no está petada y me siguen cabiendo aún unos 30 números, todo ello a costa de descartar contactos. Números de teléfono que guardé porque en su día fueron importantes, compañeros de vivencias pasajeras, gente que conocí y con la que compartí experiencias, pero con los cuales perdí el contacto por el distanciamiento al que fuimos condenados por diversos factores. Soy un nostálgico y he redactado una lista con todos los contactos que no he pasado a la nueva SIM pero cuyos números sigo almacenando en la antigua porque me cuesta relegarlos de forma definitiva al pasado, me niego a perder toda relación o lo que me queda de ellos y por eso prefiero mantener un último vínculo. Por lo que fueron, por el recuerdo que aún retengo de ellos. Por capricho.

Siempre me ha costado tomar decisiones de no retorno. Yo era de los que ponían el dedo y marcas en los libros de "Elige tu propia aventura" para asegurarme la posibilidad de volver a atrás y rehacer el camino de forma distinta para cambiar el desenlace. En la vida real esto es mucho más difícil, y en ciertas ocasiones imposible, pero mientras pueda seguiré intentando guardarme una vía de escape, una oportunidad para volver sobre mis propios pasos y tomar otra alternativa. Por el mismo motivo guardo una copia por lo menos en CDs y DVDs de toooodos los archivos que tengo o alguna vez tuve en el ordenador. Incluso películas, series y documentales que me bajé y no vi, y jamás veré probablemente, los grabé en soporte digital para no privarme de tener la opción de verlos si quisiera.

Quizás sufra una mutación emocional del síndrome de diógenes, y me resista a abandonar recuerdos y a olvidar a personas que difícilmente tendrán cabida en mi futuro, aceptando que forman parte del pasado. Pero yo prefiero guardarme esa remota posibilidad a perpetuidad, abonarme al "por si acaso". Podría comparar mi manía con el almacén del "Juicio Final" que han construido en el subsuelo de Laponia, en un búnker bajo una montaña, para albergar todas las clases de semillas conocidas y así salvaguardar la agricultura en caso de catástrofe mayúscula como guerra nuclear, cambio climático o impacto devastador de un meteorito.


Moraleja: no dejéis para mañana lo que podáis hacer hoy. Ahora guardo todos los SMS también en una tarjeta de memoria MicroSD extraíble de 1GB, y los pasaré con una frecuencia trimestral al disco duro del ordenador y a uno externo, por si acaso. Para no privarme de la posibilidad de recordarlo todo en un hipotético futuro en el que así lo quiera.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Desengaño otoñal

Creía que llevaba mucho tiempo mintiendo de forma taimada y que todo formaba parte de una artimaña para enmascarar la verdad y evitar sospechas, y ahora me entero de que la víctima del engaño he sido yo pues todo era una quimera. No he sido más que el protagonista inconsciente de una farsa, ya que lo que consideraba falso era cierto y viceversa, y no he hecho sino contar verdades cuando pensaba que las tergiversaba.

Qué cosas...